Todos sabemos que la música ha sido siempre una gran fuente de inspiración, ¿pero que sería la música sin el baile? Pocos son los que, al escucharla, pueden evitar moverse a su ritmo. Sin duda, la música y el baile forman el dúo ganador, al igual que un buen par de zapatos. Así es como en Slide&Swing hemos creado, al ritmo del swing por supuesto, los zapatos más cómodos y auténticos para bailar sin parar.

Y, como todo baile tiene su historia, hoy te invitamos a viajar en el tiempo y adentrarte en el nacimiento del swing: un estilo musical que ya ha robado unos cuantos corazones, ¡incluidos los nuestros!

Como todo lo bueno, el swing surgió de forma espontánea. Eran los años veinte y muchos afroamericanos empezaron a frecuentar locales en los que el piano del Ragtime, el Dixieland y el Jazz resonaban con energía desembocando, inevitablemente, en bailes vibrantes y repletos de alegría.

Pero… ¿cómo consiguió este baile ser tan pegadizo y cautivador? La respuesta es doble: por un lado, el secreto está en la mezcla de instrumentos, que no son pocos: piano, batería, contrabajo, trompetas, saxo… y, por otro, la adrenalina que desprende: ¿acrobacias y rapidez? ¡sí por favor! Una de las cualidades de este género es que no paras de moverte ni un segundo, por eso las primeras coreografías se caracterizaban por movimientos espectaculares e insólita velocidad.

En los años 30 el género, ahora más experimentado y preciso, fue punto de partida de otros bailes como el lindy hop, balboa, charlestón, blues o claqué, entre otros.

El movimiento fue en auge y, en los años 40, llegó a su esplendor. La “fiebre del swing”, la única fiebre que no queremos curar, contagió a todo el país. A raíz de un increíble concierto de Benny Goodman, el rey del swing, este baile se consolidó como un completo fenómeno social. El impacto fue tan grande que aún hoy despierta pasiones y, a nosotros, nos inspira para crear zapatos con los que rendir homenaje.

Cada vez somos más los que hacemos del swing nuestro estilo de vida, ¡y la familia no para de crecer! Hoy el swing suma cada vez más fans en las pistas de baile y, claro, para disfrutar hacen falta un buen par de zapatos.